lunes, 18 de julio de 2011

De los cuatro rumanos

Estábamos sentados en las escaleras de Cañadío, como tantas otras noches.

A nuestro lado, un par de escalones más atrás, cuatro rumanos disfrutaban de la plaza a su manera.

Yo, al principio, recelosa y desconfiada como suelo ser, ni siquiera les miraba. Éstos sí, claro, les gusta más el jaleo que a un tonto un lápiz.

Tras un rato de cercanía, de convivencia pacífica, me relajé y comencé a observarles con atención.

Uno, El Rubio, el primero en el que reparamos, delgado, ebrio a más no poder, había estado solo un rato mientras sus amigos se reían, le grababan con sus teléfonos y le señalaban por su obvia y monumental borrachera.

El Mayor, con aspecto de patriarca del grupo, podría haber sido el jefe de una tribu gitana española: collar, pulseras y anillos de oro componían su atuendo.

Juraría que El más Joven del grupo era su hijo, aunque solamente por su cierto parecido físico.

El cuarto, El más Discreto, parecía también el más prudente. Con él es con quien menos hablamos.

El interés de su noche estaba en El Rubio. No paraban de carcajearse por su comportamiento: se reía estúpidamente, cantaba formando un verdadero escándalo, exclamaba palabras ininteligibles cada vez que pasaba cerca alguna mujer mínimamente atractiva, se levantaba continuamente para hacer sus necesidades en El Rincón e incluso llegó a desaparecer durante un tiempo, visiblemente ofendido por las chanzas de sus compatriotas, para volver al cabo de un rato.

Los cuatro hablaban bien español y mejor nos entendían. El Joven se empeñaba en cogerle la oreja al Rubio mientras me decía que para él era como un perro. Todo esto al beodo le causaba mucha risa. El Mayor nos explicó que ambos se conocían desde niños y que su relación era muy especial, por lo que El Rubio se lo permitía todo al Joven.

No hablamos de por qué estaban en España, cómo aprendieron el idioma, si estaban casados o dónde vivían. Pero el rato que compartimos aquella noche en una abarrotada plaza de Cañadío pasó a ser un curioso recuerdo.

domingo, 8 de mayo de 2011

Give a little

Que conste que a mí siempre me encantaron. Desde aquella primavera de 1997 en la que tres melenas rubias se movieron al ritmo de Mmmbop por primera vez ante mis ojos. Después de la presentación correspondiente de Fernandisco durante esa media hora de videoclips que emitía en abierto Canal+.

Y aunque haya quien piense que desaparecieron tras su primer disco, lo cierto es que no han parado. Después de unos años de ausencia debido a los problemas con su discográfica, los hermanos rehicieron sus carreras bajo 3CG Records, un sello independiente. Algún proyecto musical paralelo y varias iniciativas humanitarias han ocupado estos 14 años, durante los que, como acostumbran desde el principio de su vida musical, se han responsabilizado de la composición, los instrumentos y las voces de los temas que completan los quince discos de su discografía.

Siempre he tenido la sensación de que cuando digo que me gusta Hanson, la gente espera una justificación. Como si formaran parte del grupo de los guilty pleasures. Como si fuera algo vergonzante admirarlos, como si los chicos no tuvieran calidad suficiente, como si esas legiones de fans que arrastran y el éxito de crítica que siempre han cosechado surgieran por generación espontánea.

“Alegre”, “sano”, “energético”, “dulce” o “inocente” son calificativos que recibe a menudo su pop y el nuevo y pegadizo single de su disco Shout it out lo refrenda. Están mejores que nunca. A mí me han vuelto a conquistar.

miércoles, 16 de marzo de 2011

Cosas de brujas

Ayer por la tarde aproveché la oportunidad de acudir a una conferencia "sobre Los 80" a cargo de Lolo Rico, la periodista que dirigió La Bola de Cristal y La Cometa Blanca y escribió los guiones de otros espacios infantiles como Un globo, dos globos, tres globos o La casa del reloj.

La Biblioteca Central de Cantabria ha tenido a bien organizar durante la primera quincena de marzo una programación dedicada a la citada década, ofreciendo, entre otras actividades, proyecciones de películas realizadas entonces, una exposición de juguetes, objetos e imágenes de la época y, para finalizar, una charla con Rico, una de las figuras que, aunque mucha gente no conozca, marcaron la televisión de los 80.

Lo primero que llama la atención al escucharla es su discurso tembloroso, tímido e incluso entrecortado en ocasiones, con los lapsus de memoria lógicos para una mujer que nació en el 35. Y es que esa había sido siempre mi sensación al verla anteriormente en entrevistas, con su pelo gris y su discreta sonrisa, la de estar ante una mujer amable, visiblemente culta e inteligente, pero de quien, de no conocerla, no esperaríamos ninguna crítica antisistema.

Una se hace la absurda pregunta de cómo una mujer así ha podido dirigir a un equipo de más de 100 personas, el de su programa más recordado, La Bola de Cristal. Y más teniendo en cuenta que estaba al mando de gente como Pablo Carbonell, Pedro Reyes o Javier Gurruchaga. Pero cuando Lolo Rico habla de sus trabajos, se transforma ante los ojos de sus escuchantes y se aleja de su imagen "inofensiva". Se crece explicando cómo su programa contenía una clara ideología marxista, a la que ella aún se considera adscrita, y cuenta, con orgullo, cómo el programa reflejaba el cambio sociopolítico que supuso la transición en España.

"¡Viva el mal, viva el capital!"
La escritora define La Movida, cuya estética quedó impresa en La Bola de Cristal, como un movimiento vacío, que aunque era divertido, hizo mucho daño. "Era tan posmodernista que tenía que romper con todo lo anterior". Explica divertida cómo iba reclutando, ya fuera en Rockola o en la peluquería de su barrio, a todo aquel personaje que consideraba potencialmente interesante para el espacio, como le sucedió con Santiago Auserón.

Aunque eché en falta más referencias a La cometa blanca o Un globo, dos globos, tres globos, espacios que aunque quizá no tan "diferentes", también marcaron una época, la charla estuvo plagada de anécdotas curiosas, como las derivadas de la poco ortodoxa manera de trabajar de "Pedro y Pablo" (como ella llama a Reyes y Carbonell), la primera vez que vio a Alaska por la calle ("yo quería para mi programa a aquella chica fascinante con el pelo lleno de trencitas de colores") o los problemas que acarreó su irónica crítica de los colegios privados. Explicó que el título, e incluso la idea para el espacio, surgió aquel día de su infancia en el que su abuela calificó a la radio que ella misma le había regalado, como "cosas de brujas".

La clave que creo que explica la esencia de La Bola de Cristal la dio Rico cuando consideró que los niños no deben entenderlo todo. Porque si lo entienden todo, no se preguntan nada. Querer saber es la filosofía que, para mí, desprendía buena parte de la televisión que tanto disfruté durante los primeros años de mi vida y que la escritora intentó inculcar a esas dos generaciones "tan majas" que entretuvo con el programa.

domingo, 17 de octubre de 2010

Eye of the storm

M.C.P. y un chico caminan conmigo por la zona de Los Pinares. Ella me pregunta dónde está la Fuente de Cacho y yo se lo indico y le digo que les acompañaré. Se muestra contenta de que mientras hace tiempo para otra cosa, aprende. Me pregunto si J.A. se enterará alguna vez de cómo he cuidado a su amiga.

En otro escenario, ella le va a explicar algo a alguien que le ha preguntado. Para hacerlo, se tumba en el suelo boca abajo en ropa interior de color rosa palo y se arrastra hacia esa persona. El movimiento resulta tan sensual que Deivid exclama: “¡no lo soporto!” y se va.

Es un alivio que en cierto momento llegue HugOT. Está guapísimo. Se acerca a mí para contarme que el diseñador gráfico que suele ocuparse de las portadas de sus discos ya no puede trabajar más con él. Lo interpreto como un ofrecimiento para que diseñe yo la portada del último, así que le miro fijamente a los negros ojos y me inspiro. “¡Ya lo tengo!”, exclamo, al ver el arco iris reflejado en ellos. He visto la portada perfecta de esa manera.

Para venderle mi idea, le explico que hoy en día los arco iris están más presentes que nunca en la vida de las personas ¿? Y que mi idea es dibujar los rasgos de uno de sus ojos de forma esquemática, coloreando cada uno de los trozos formados por sus líneas básicas de un color del arco iris. Trato de mostrárselo para que lo vea más claro, pero me complico demasiado, queda fatal y me desalienta un poco lo mal que dibujo.



Pienso que lo ideal es hacerlo de forma sencilla y le explico que podemos pintar su ojo sobre un fondo gris. Creo que le gusta mucho y se pone contento. Recuerdo usar un rotulador morado muy viejo que heredé de mi tía L., con forma hexagonal. Y que la zona inmediatamente inferior al párpado la coloreo de rojo. Y que me cuesta no repetir colores, que siempre cojo los mismos: rojo, azul y morado. Alguien me pregunta: “¿y el verde y el amarillo?” Entonces me doy cuenta de cuáles eran los que faltaban y completo la pintura.


Soñado en Camarma de Esteruelas el 3 de octubre de 2010

sábado, 16 de octubre de 2010

Hasta siempre, Manolito



Desde que Jaenada te “quitó” el Goya he pensado regularmente en ti, en tu salud, en cómo llevarías la vejez, si tus protagonistas tardíos te habrían hecho muy feliz y en cómo sentirías al mirar hacia atrás esa vida tuya tan repleta de cine.

Yo te conocí como ese ‘Querido Profesor’ simpático, cómplice y entrañable. Al ir creciendo, descubrí al eterno secundario y maravilloso cómico que había realizado una ingente cantidad de interpretaciones memorables en el mejor cine español. Y últimamente disfruté de tu registro dramático gracias a Don Ricardo, ese abuelo, ¡mi abuelo! y al enamorado Fred.

El secundario de oro del cine español, Don Matías, Manolito. Somos tant@s los que te queremos... Aunque estoy segura de que lo sabes.



“En mi profesión, me ha gustado hacerlo todo muy sencillo pero muy distinto” (Manuel Alexandre)

sábado, 11 de septiembre de 2010

Rimas añorantes


Biblioteca nuestra que estás en la UPV,
alabada sea tu videoteca,
venga a nosotros tu sapiencia.
Háganse en ti los préstamos
así en tu sala como en la de Bellas Artes.
Danos los libros que buscamos,
perdona nuestras prisas de última hora,
y acógenos cuando el resto de edificios están cerrados.

Amén

domingo, 11 de julio de 2010

Pensamientos de colores

Hace unos tres años fui a reencontrarme con Santander después de varios días fuera y caminando por el paseo Reina Victoria, al lado de la playa, me dio por fotografiar pensamientos de muchos colores para luego hacer un montaje a lo Warhol.

miércoles, 21 de abril de 2010

A veces, un cuerpo puede modificar un nombre (Ángel González)

A veces, las palabras se posan sobre las cosas
como una mariposa sobre una flor,
y las recubren de colores nuevos.

Sin embargo, cuando pienso en tu nombre, eres
tú quien le da a la palabra color, aroma, vida.

¿Qué sería tu nombre sin ti?
Igual que la palabra rosa sin la rosa:
un ruido incomprensible, torpe, hueco.



Foto: Los Peligros, by lagape