¿Has fantaseado alguna vez con lo que pasa dentro de tu mente cuando estás a punto de reaccionar o de tomar decisiones? Yo mucho. Por eso, para mí, Del revés (Inside out, Pete Docter, Ronaldo Del Carmen, 2015) es la mejor idea que ha tenido Pixar en su historia. Ya sé que es mucho decir, teniendo en cuenta que hablamos de los creadores de joyas como Buscando a Nemo, Up! o Monsters S.A. Pero es que esta fantasía animada hace protagonistas a las emociones, ¡A LAS EMOCIONES! y convierte a la mente en escenario, ¡A LA MENTE!
Cinco son las voces que dirigen nuestro ser: Alegría (Joy), Tristeza (Sadness), Asco (Disgust), Ira (Anger) y Miedo (Fear). Más o menos humanizadas, cada emoción es de un color y tiene una personalidad y un carácter muy marcado. Aunque podemos ver en diferentes momentos de la película cómo funcionan las cinco emociones de otros personajes, son las de Riley, una niña de once años, las protagonistas.
Trabajan en equipo, pero cada una de ellas se pone al mando de la sala de control de la cabeza de la niña según en qué momento de su vida se encuentre para guiar sus acciones, originando así sus recuerdos, una suerte de canicas que se van archivando en un laberíntico área de almacenamiento, amarillos si son sobre todo felices, azules si son tristes, verdes si asquerosos, etc. Hasta ahora, su vida ha sido principalmente feliz, por lo que Alegría era la emoción principal, pero dejar todo lo que conoce debido a una mudanza indeseada empieza a hacer mella en su ánimo y ya no son las canicas amarillas las predominantes.
Algunos de sus mejores recuerdos esenciales, -esos que marcan momentos claves en nuestra vida, positiva o negativamente-, se están tiñendo de azul debido a la nostalgia que le provoca rememorar todo lo que acaba de dejar atrás y Alegría trata de que Tristeza se aleje lo más posible de ellos y de su trabajo en general para no tener que ver a Riley sufrir tanto.
La incapacidad de Tristeza para mantenerse al margen y el empeño de Alegría por rescatar recuerdos esenciales, marcarán el inicio de una trepidante aventura de ambas por áreas del cerebro que nunca habían explorado en su intento por regresar al cuartel general. Paseamos junto a ellas por El Inconsciente, El Sueño Producciones, La Memoria A Largo Plazo, Imaginalandia o El Pensamiento Abstracto, y encontramos personajes tan fascinantes como Bing Bong, el amigo imaginario de Riley o los trabajadores de los recuerdos, encargados de eliminar lo que nos ocupa espacio en el “disco duro” y ya no necesitamos.
Detalles que tienen algo de familiar y que tocan a un tiempo la fibra sensible y el sentido del humor como Las Islas de la Personalidad (los lugares de la mente de Riley que representan los principales aspectos de su forma de ser) o esa sintonía que no se nos despega y siempre andamos canturreando mentalmente se unen al éxtasis visual que provoca la recreación colorista de nuestra mente y de todo eso que tenemos dentro y nunca podemos ver.
Aunque está catalogada como cine familiar, es una película muy dirigida al público adulto, al tratarse de una profunda reflexión sobre la pérdida de la inocencia, el paso de la infancia a la adolescencia, la capacidad de ser feliz o el sentido de las llamadas emociones “negativas”, que no hay que ignorar ni ocultar. Sus logrados personajes, entrañables y divertidos luchan y aprenden dentro de parajes de nuestro propio cerebro retratados con inmenso gusto e imaginación y nos hablan con sabiduría, humor y sensibilidad de la vida.
El estreno de Del revés es para mí todo un acontecimiento y un enorme regalo. Además de porque se trata de la nueva producción de Disney y Pixar, una garantía de disfrute siempre, porque lo que dejaban entrever los trailers no hacía más que ponerme los dientes largos. Y lo cierto es que la película da lo que se espera de ella. Incluso más.
Donde se hacía el pregón y el desfile de disfraces de la fiesta del colegio, donde a diario jugábamos a los pitufos, a pillar, a la goma, al escondite, a Verano azul, a las casitas, a mirar los bichines que se hacían bolas...
Sus apariciones son diversas, pero siempre súbitas y en la mayoría de los casos, inesperadas.
Puedo estar "perfectamente" ubicada en mi actualidad personal, en uno de esos escasos momentos en los que los recuerdos no son protagonistas de mi pensamiento y mientras camino por la calle hablando de los temas que me ocupan recientemente, surge en forma de plastilina. Inmediatamente me recorre un escalofrío nervioso idéntico al del primer día de preescolar.
Entonces me siento ilusionada pero asustada porque no sé qué me voy a encontrar en ese colegio extraño lleno de niñas que no conozco.
Quizá entro en una librería y cuando me acerco a las baldas que contienen revistas, sale de ellas en forma de barniz que lustra sus páginas. La sensación de ser la nueva becaria que aporta su opinión sobre el diseño del último número se apodera de mí como si no hubieran pasado dos años desde que dejé de trabajar en la revista.
Más terrible es aún si alguna prenda de ropa o un frasco de colonia lo sacan a pasear por la casa para avivar el recuerdo de mi abuelo, que parece volver a estar en el salón, en el pasillo, en su habitación... y me llena de una tristísima nostalgia.
Claro que yo también puedo jugar con él. Puedo volver a una de las tardes de rondalla en el colegio si lo busco en una cuerda de laúd, o volver a tener diez años si consigo que se desprenda de algún muñeco que conservo de esa época o abrir una caja de peladillas para que liberándolo viaje a la casa de mis abuelos en Valladolid.
Los diferentes periodos de tiempo, marcados por diferentes maneras de sentirme ante la vida, no los delimitan los días, los meses o los años, sino los olores. Me hacen consciente de que las vivencias y los recuerdos se alejan según pasa el tiempo sólo en la teoría, porque en la práctica son susceptibles de ser activados en el momento menos esperado gracias a la fragancia que desprende un objeto, persona o lugar.
Emociones superadas, sentimientos enterrados o personas supuestamente olvidadas se actualizan en cualquier instante en la mente si el olor con el que lo relacionaba está cerca.